viernes, 6 de abril de 2012

La Santa

Ando totalmente estupefacta,

Se me ha secao la boca,

Y el corazón busca la garganta,

Es que el Papa ha gritao,

¡ Canonicen a Carla!

No lo puedo creer,

Y menos mis ansias,

Debo ceder,

Aunque me moje hasta el alma,

Facciones al día de pendanga santa,

Pasitos pequeños, cabeza baja,
Rosario en puño, manos apretadas,

Millones de rezos llenan mi alcoba en noches santas,

¡Ay, Santa Clara! ¿Qué se ha fumao el papa?

Yo, pobre cuerpecito de religión vana,

Serpenteando calenturas que me empujan las bragas,

¡No, señor! Tengo derecho al mundo,
No pretendo salvar mi alma,

Total,  si todos se estremecen cuando ven pieles sobre camas,
El vil fanatismo me corroe las entrañas,

Es como criticar pies cuando tus manos no sirven para nada,

Es la mueca que obedece y no persigue lo que ansia,

Es el trapo sucio que limpia lo que un día se caga,
Mi cuerpo a disposición de la orden del Papa,

— Generosos seguidores,

pongo condición a mi oficio de Santa,

derramad sobre vosotros cosas chéveres,
mucha melaza,

que este asunto os mojad en mieles y no en promesas falsas,

dejad que la máscara recóndita,

ascienda sobre sus caras,
descartad profesar lo que no hacen,

os digo con dolor en el alma,

que importa si la calentura os mueve,
y gustad cuando os apapachan,

no os llegad a la tierra a merced de cosas falsas,

seguid todos mi gran plegaria:

¡Ay, San Pachingón! ¡Qué buen ritmo señor!

¡Ay, San Caculo! ¡Qué andar más duro!

¡Ay, Santa Teresa! ¡Lo que guardan entre las piernas!

¡Ay, Santa Morcilla!  ¡Qué cosa rica!
¡Ay, San Antón! ¡Qué viva el amor!

así sucesivamente,
prenda un velón rojo candente,

fe en petición y en lo que su sinceridad promete,

y ayudaré a la humanidad sonreír plenamente.


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